Archivos de la categoría 'Situaciones crueles'

LA LECCION DEL MAESTRO

Publicado por Aristides el Justo el Sunday, May 2nd, 2010 a las 5:19 am

 
 Le habían dicho que las señoras estaban en la iglesia, pero supo que no era así por lo que vio desde lo alto de las escaleras ?descendían desde una gran altura en dos brazos, describiendo un círculo de un efecto encantador?, en el umbral de la puerta que, desde la larga y clara galería, dominaba [...]

El capote

Publicado por Aristides el Justo el Wednesday, January 13th, 2010 a las 7:02 am

En el departamento ministerial de **F; pero creo que será preferible no nombrarlo, porque no hay gente más susceptible que los empleados de esta clase de departamentos, los oficiales, los cancilleres…, en una palabra: todos los funcionarios que componen la burocracia. Y ahora, dicho esto, muy bien pudiera suceder que cualquier ciudadano honorable se sintiera [...]

El traje nuevo del emperador

Publicado por Aristides el Justo el Saturday, December 26th, 2009 a las 10:45 pm

Hace muchos años hubo un Emperador con una afición tan
excesiva a los trajes nuevos que se gastaba todo su dinero en esa
manía. Nada le importaban sus soldados, ni el teatro, ni los paseos por
el bosque, salvo que sirvieran de pretexto, para lucir su vestimenta
recién estrenada. Tenía un traje para cada hora del día. Y en [...]

¡Adiós, “Cordera”!

Publicado por Aristides el Justo el Monday, December 21st, 2009 a las 7:07 am

   ¡Eran tres, siempre los tres!: Rosa, Pinín y la Cordera.
   El prao Somonte era un recorte triangular de terciopelo verde tendido, como una colgadura, cuesta abajo por la loma. Uno de sus ángulos, el inferior, lo despuntaba el camino de hierro de Oviedo a Gijón. Un palo del telégrafo, plantado allí como pendón de [...]

EL POZO

Publicado por Aristides el Justo el Saturday, December 5th, 2009 a las 5:04 am

 Soy el suboficial boliviano Miguel Navajo y me encuentro en el hospital de Tarairí, recluido desde hace 50 días con avitaminosis beribérica, motivo insuficiente según los médicos para ser evacuado hasta La Paz, mi ciudad natal y mi gran ideal. Tengo ya dos años y medio de campaña y ni el balazo con que me [...]

El naufragio

Publicado por Aristides el Justo el Friday, November 20th, 2009 a las 8:00 am

Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia [...]

El dúo de la tos

Publicado por Aristides el Justo el Wednesday, November 18th, 2009 a las 7:13 am

El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días ya no [...]

1981

Publicado por Aristides el Justo el Saturday, November 14th, 2009 a las 7:09 am

Créeme, Rosi, lo penosa que me ha resultado esa excursión. Nunca había visto tantas cruces de caballero, sólo una, en fotografía, la que mi tío Konrad llevaba al cuello. Ahora en cambio había un montón de cruces bamboleándose, incluso con hojas de roble, como me explicó mi abuela, que estuvo a mi lado en el [...]

La resucitada

Publicado por Aristides el Justo el Thursday, November 5th, 2009 a las 6:27 am

  Ardían los cuatro blandones soltando gotazas de cera. Un murciélago, descolgándose de la bóveda, empezaba a describir torpes curvas en el aire. Una forma negruzca, breve, se deslizó al ras de las losas y trepó con sombría cautela por un pliegue del paño mortuorio. En el mismo instante abrió los ojos Dorotea de Guevara, [...]

El pozo y el pendulo

Publicado por Aristides el Justo el Wednesday, November 4th, 2009 a las 8:38 am

 Estaba agotado, agotado hasta no poder más, por aquella larga agonía. Cuando, por último, me desataron y pude sentarme, noté que perdía el conocimiento. La sentencia, la espantosa sentencia de muerte, fue la última frase claramente acentuada que llegó a mis oídos. Luego, el sonido de las voces de los inquisidores me pareció que se [...]